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domingo, 24 de enero de 2016

UN DÉJÀ-VU REAL

"Déjà-Vu, es un tipo de paramnesia de reconocimiento, caracterizada por la experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha experimentado previamente una situación nueva".


En palabras más sencillas y para que sea más fácil de entender: "que se está viviendo en un momento concreto, algo que se cree que ya se ha vivido anteriormente".
Pero todo esto, tanto la primera, como la segunda descripción no obedece más que a sensaciones que pueden llegar a ser ciertas o no, pues no esta demostrado científicamente que esto sea real, o simplemente imaginativo.
Pero lo que realmente quiero y voy a explicar a continuación, no sé si denominarlo Déjà Vu o no, mejor que no, pues en este caso, es una experiencia real y concreta y concisa.
Una realidad que fue vivida hace tan solo diecisiete meses aproximadamente en su primera versión y que ahora, en estos mismos momentos, se está repitiendo de manera dramáticamente exacta.
Hace ya justamente ese tiempo que tuve que pasar por la triste experiencia de ver como mi madre vivía sus últimos instantes en esta vida, de cómo se marchaba poco a poco y de cómo un 31 de agosto, la perdí definitivamente. Se agoto, se canso de seguir luchando contra un Goliat invencible.
Una EPOC, (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) sin cura ninguna, a la que había que sumar otras dolencias cardíacas, fueron las responsables de terminar inexorablemente con su vida.
Pero continuemos, como antes comenté, diecisiete meses después de aquel episodio dramático con mi madre, ahora se repite de manera completamente exacta a mi tía.
Hermana de la primera y con exactas dolencias y enfermedades, con la única diferencia entre ambas, de que mi tía, en su caso, tiene un tumor en el pulmón izquierdo intratable y que ya la ocupa la mitad de este, lo que sumado a su EPOC, la hace que respirar se convierta en una batalla continua, agravado por la insuficiencia cardíaca que padece.
Mi tía en estos momentos, a diferencia de mi madre, está todavía con todos nosotros, aunque según todos los criterios médicos coinciden en que el desenlace final, ese que nadie desea pero que todos asumimos ahora mismo, esta tristemente muy cercano. Hablamos de que pueden ser semanas.

ALGO DE HISTORIA.

No me voy a poner a explicar aquí y a nadie a estas alturas, lo que es una madre y lo que significa en nuestras vidas.
Una madre es lo más grande, importante y necesario en cualquier ser humano.
Nada ni nadie la puede sustituir, jamás, en todos y cada uno de los días de nuestra vida, ya se tenga la fortuna de tenerla a nuestro lado, como una vez perdida.
Hasta aquí, creo que todos coincidimos en esto y por ende, coincidiremos de la misma manera también en que es la perdida más dolosa que se puede sufrir, solamente comparable (y hablo sin por fortuna conocerlo) lo que puede ser la pérdida de un hijo.
Pero dentro de esta, mi historia, hay una co-protagonista, fundamental e imprescindible que a la postre, es el motivo de este artículo. Mi tía.
El papel que ha jugado en mi vida, la de mis hermanos y mi madre es indiscutible e inapelable.
Ella en la actualidad, carga ya a sus espaldas con la edad de ochenta y dos años, (mi madre murió con esa edad el pasado año) y entre ambas, solo las separaban doce meses.
Jamás se casó ni se la conoció pareja.
Ambas vivieron toda su vida bajo el mismo techo, junto a mi abuelo, la tía Carmen, mi padre, mis tres hermanos y yo.
Desde que tengo uso de razón la conocí trabajando, tanto fuera, como dentro de casa y de la misma manera puedo afirmar, que jamás vimos ningún tipo de lujo o capricho, pese a que era independiente y soltera y sin tener obligaciones para con nadie.
Mi padre, por motivos que no vienen a cuento y que a nadie interesa en absoluto, se marchó un buen día de casa cuando yo, el tercero de los hermanos, solo contaba con cuatro primaveras en mi ser.
Mi madre entonces, queda sola con cuatro hijos pequeños, muy pequeños, 1, 3, 6 y 9 años respectivamente, sin trabajo, sin dinero, sin recursos, con la única ayuda de la ridícula pensión de mi abuelo, con la que solo se cubrían los gastos mínimos de la casa, una cantidad que desconozco aportada por mi tía Carmen y como no, el pobre sueldo que mi tía cobraba trabajando en un pequeño taller de costura.
Demasiadas bocas para tan pocos recursos.
Todo esto transcurre a finales de los años sesenta, principio de los setenta, cuando la mujer todavía no pintaba nada en el mercado laboral y no disponía de ningún tipo de ayuda oficial que consiguiera apaciguar el drama que se estaba viviendo.
Al cabo de desconozco realmente el tiempo, mi madre consiguió un “empleo”, fregando las escaleras y los baños de una cafetería sita en la calle Princesa de Madrid, trabajando escasas horas.
Fue especialmente en esos momentos cuando el papel de mi tía se convertía en primordial y esencial y que sin el cual, la historia de esta mi familia, hubiese transcurrido de manera y forma completamente distinta.
Entre las dos hermanas, consiguieron sacar adelante a las cuatro criaturas, darles una educación, unos estudios y una vida digna, honrada y honesta que otros, con seguro muchos más recursos, jamás hubieran podido soñar poseer.
Gracias a ella, a su voluntaria soledad, a su trabajo y esfuerzo, jamás nos faltó un plato de comida, un pantalón, un libro de texto o un calzado.
Jamás tuvimos lujos y caprichos. Sabíamos que no se podía y no los exigíamos.
Nunca nos faltó un juguete en navidades, aunque estos no fuesen los más caros ni las últimas novedades y en ocasiones, fuesen regalos compartidos entre los hermanos.
Nunca calzamos unas Adidas o unas Puma, ni vestimos Lee ni Levis. La ropa pasaba de unos a otros y calzábamos playeras La Tórtola.
Incluso, podíamos presumir de poder bañarnos los lunes en el Charco del Obrero, más conocido como Parque Sindical.
Durante toda nuestra vida, tanto mis tres hermanos como yo, teníamos meridianamente claro que no teníamos padre, pero si podíamos presumir de tener dos madres.
Tal era la convicción en ello, que todos y cada uno de los primeros domingos del mes de Mayo, no se hacía un regalo por el día de la madre, sino dos, uno a cada una.
Mi madre y mi tía fueron durante toda su larga vida una misma persona. No podían estar juntas, pero no podrían haber vivido separadas.
Ambas dedicaron toda su vida, única y exclusivamente a nosotros, hasta que tuvimos la suficiente edad para buscarnos las habichuelas.
Pues bien, concretando en el auténtico sentido de este artículo, en estos mismos momentos estamos pasando con nuestra segunda madre por lo mismo que hace diecisiete meses pasamos con la primera, hasta que nos dejó definitivamente.
Puede parecer una paradoja, pero no, no lo es. Es completamente real.
Fueron dos almas gemelas. Nacieron, vivieron y morirán de igual manera las dos.

No es cuestión de sacar moralejas, pero si me gustaría dar un consejo a todos aquellos que tienen la inmensa fortuna de poder seguir disfrutando de su madre.
Que intenten estar cuanto más tiempo mejor junto a ella.
Que la respeten, la amen y mimen.
Que madre solo hay una en la vida, aunque en la mía, haya disfrutado a dos.

Licencia Creative Commons
La Voz de Manu Sanchez por Manu Sanchez Caballero se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http:// http://libre-prensa.blogspot.com.es/.

3 comentarios:

  1. Bonito, real y duro. La vida nos obsequio con dos madres y nos castigo con dos agónicas enfermedades. Siempre en nuestra vida , todo fue doble. Precioso artículo.

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  2. Leyendo este maravilloso y bello artículo, confirmo que cuando conoces a alguien con tanta nobleza de corazón, con tanta sensibilidad, ternura y calidad humana, siempre hay detrás una vida poco o nada fácil, que les hace ser tan valientes y buenas personas, al igual que confirmas que crecieron bajo el amparo y cuidado de grandes personas. Que orgullosas se han tenido que sentir estas mujeres de bandera, no les sobraba el dinero, pero les sobro el arrojo, la valentía y el amor y basta conocerte para entender, que lo hicieron muy bien.

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  3. Me ha emocionado leerte. . se ve tanto amor en cada frase. Lamento la situación actual pero tienes la fortuna de haber disfrutado en plenitud de dos mujeres estupendas. Ojalá puedas seguir disfrutando un poquito más de tu tia. Es precioso tu relato y así de bonita a sido tu vida. . la felicidad no son posesiones sino momentos y ésos los tienes todos dentro de ti. Fuerza para ti y tu tia.

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