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domingo, 30 de agosto de 2015

365 DÍAS DESPUÉS. EL DÍA QUE PERDÍ A ESA GRAN SEÑORA.

Tal día como hoy de hace exactamente un año, el 30 de Agosto de 2014, recibí el golpe más duro y terrible que una persona pueda sentir en su vida.












Hace justamente hoy 365 días que la vida me castigo de manera inexorable y traicionera y me arranco lo que más quería y más necesitaba.

Cuanto dolor, impotencia y sinsentido en un solo segundo, en un solo instante.
Tras años de padecimiento y precaria salud, el 30 de Agosto del 2014 mi madre decidió descansar de una vez por todas, dejar de sufrir y abandonar una vida y una familia que todavía, a fecha de hoy, no hemos superado el golpe.
Fueron extremadamente duros sus últimos días, para ella y para mí, aunque sus horas inmediatamente anteriores a su fallecimiento se lo hiciéramos más sencillo y nos dejara, se marchara sin sufrimiento, sin dolor, sin agonía.
Esa misma agonía que empecé a sentir yo en el justo momento en que dejo de latir su corazón y sus pulmones dejaron de coger aire, para de una vez por todas, dejar esta vida que no se lo puso nada fácil, que tantas zancadillas la pusieran en sus ochenta y tres años de existencia y pasar página, la última página, esa que cierra el libro y que da por concluido un relato.
En ese momento, justo en ese momento, esa misma vida que ella dejaba, a mí me arrancaba lo más grande que poseía. Me apuñalaba por la espalda y me destrozaba para el resto de mi vida.
Aun hoy, 365 días después de aquello, siento el mismo dolor, la misma ausencia, el mismo rencor.
Toda una señora, una dama, buena, sencilla, humilde, trabajadora y madre de cuatro hijos, que con grandísimos sufrimientos, consiguió sacar adelante en una época en la que las mujeres no lo tenían nada fácil en la sociedad, más aun, siendo mujeres divorciadas y que sus expectativas laborales pasaban exclusivamente en limpiar escaleras o lavar y planchar ropa.
Consiguió de un manera heroica para la época, dar educación, una muy buena educación y estudios a cuatro hijos. Jamás nos faltó un plato de comida, un juguete, un abrazo.
Nunca demostró mucho cariño ni muestras de amor como me hubiese gustado, aunque se perfectamente que nos amaba por encima de todo y sobre todo.
Hoy hace 365 que se rompió mi corazón, mi alma, mi ilusión por todo y aunque continúo viviendo, no es vida lo que siento.
Mamá, no sabes lo mucho que te echo de menos, lo mucho que te añoro y aunque es cierto que te veo a diario, que te sueño todas las noches, que sepa que estas aquí junto a mí, tu falta se me hace inhumana.
Es mucho lo que te quiero. Es mucho lo que te necesito. Es mucho y muy grande el vacío que dejaste en mi interior.

Allá donde estés mamá, quiero que sepas que te adoro y te adorare hasta el último de mis días físicos, porque los otros, los perdí el mismo instante en el que me dejaste.
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