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viernes, 5 de diciembre de 2014

CACIQUES EN EL 112


Llamar al 112 en Madrid, no es siempre motivo de tranquilidad y sosiego. Ni siquiera de que uno sea atendido de la manera más humana.
Y esta afirmación, obviamente, no va enfocada en los profesionales que durante 24 horas al día, dan todo de si, por una atención y un servicio desmedido, si no por los que creyéndose por encima del bien y del mal, por el mero hecho de estar dirigiendo un servicio de emergencias y se creen con el poder omnipotente de juzgar quien está sano y quién no. Quien está enfermo y quien precisa o no asistencia urgente, sin tan siquiera haber sido visto.

Esto le ha sucedido al que escribe, por lo tanto, no solo es información, sino un testimonio completamente veraz y real.
Asunto en cuestión:
El pasado sábado, día 29 de Noviembre de 2014, mi tía, de 81 años de edad, sufrió una caída accidental, en la que no se apreció en ese momento, más allá del dolor propio del golpe, ningún tipo de evidencias de daño ni lesión alguna.
Pasados unos días, el 2 de Diciembre, mi tía presenta a la hora de levantarse, un muy fuerte dolor en la zona costal y dorsal, tiene mucha dificultad para respirar y es incapaz de levantarse por sí sola de la cama.

Al ver su estado, que realmente era muy malo,
decido llamar al servicio de emergencias 112 de Madrid, donde expongo y explico la situación, por tres veces consecutivas, a tres personas diferentes, argumentando la urgencia y pidiendo un médico de urgencia y/o una ambulancia.
Quiero pensar que esto ocurre, por motivos meramente burocráticos, aunque me cago yo en la puñetera burocracia, cuando una persona se está ahogando, es anciana y además, es familiar tuyo.
Es en la tercera explicación del asunto, esta se la doy al Medico jefe, responsable de evaluar la emergencia y decidir si mandar o no un servicio de urgencias público, al domicilio de un ciudadano y valorar si este debe morir, sufrir o curarse.
Y es en esta explicación, dada al médico responsable de este servicio de emergencias 112, (lo recalco y repito, para darnos cuenta de a quién me estoy refiriendo)  este me niega el envío de un médico y/o ambulancia, instándome a pedir auxilio al médico de guardia del centro de salud correspondiente.
Tras decirle que mi tía se está ahogando, este Medico Jefe impresentable, me responde diciéndome, que él es que evalúa y decide, a lo que yo, obviamente preocupado y en ese momento, muy cabreado le respondo que sí, es cierto, el evalúa y yo denuncio.
Muy en mi contra, sigo sus instrucciones y doy aviso in situ y en persona a la doctora que en ese turno de mañana está de guardia en el ambulatorio, (en el centro de salud hay médico de guardia, pero no existe el servicio de urgencias)y que tras explicarla el asunto en cuestión, ella misma, llama de nuevo al 112, acreditándose como médico de guardia e informando que ella no puede acudir al domicilio, hasta las 14:00 horas, por lo que precisa la asistencia urgentemente de una ambulancia en el domicilio, para que mi familiar, sea trasladada.
A dicho requerimiento por parte de la doctora de guardia, el médico responsable de las urgencias del 112, también le niega dicha asistencia y la comunica que se encargue ella del asunto.
Esta doctora, vuelve a repetir al sujeto en cuestión, que ella está pasando consulta en el ambulatorio y que no puede personarse en el domicilio antes de las 14:00 horas y siendo en ese momento, las 10:00 no puede dejar a la enferma, cuatro horas sin atención, a lo que, de nuevo exige el envío de una ambulancia.
El médico responsable del 112, le vuelve a negar, tanto un médico que visite a la paciente, como una ambulancia que la traslade a un centro sanitario donde ser atendida.
Tras esto, la doctora del ambulatorio, le requiere al responsable del 112, su número de colegiado y su nombre y este, una vez más, se niega a dárselo, argumentando textualmente, que no tiene porqué facilitar sus datos a nadie y menos a ella.
Es entonces, cuando la doctora, viendo la urgencia real del asunto, decide abandonar la consulta y decide acudir al domicilio, a ver a la paciente.
Nada más entrar en el dormitorio de la misma, la encuentra sentada en una silla, gracias a la ayuda de mi hermana y que mi tía  presenta un cuadro de dolor muy intenso en la parte dorsal y costal, que su respiración es muy lenta y costosa. (No olvidemos que hablamos de una mujer de 81 años).
Tras comprobar la saturación, esta está en niveles muy bajos, de entre 55 y 60 por ciento.
Referente a los dolores intensos que mi tía está sufriendo y la complicación respiratoria, diagnostica una posible fractura de costilla, con un probable neumotórax y que la tensión la  tiene en niveles muy bajos y descompensados.
En este momento  y tras dichas comprobaciones, vuelve a llamar al servicio de  emergencias 112, volviéndose a acreditar como médico de guardia del centro de salud y expone la gravedad del estado de la paciente, por lo que solicita sin más esperas ni miramientos, una UVI MOVIL.
En este caso, es atendida ya por otro jefe médico.
Pasados aproximadamente diez minutos de la última llamada, hace acto de presencia la UVI Móvil, con tres facultativos serios, formales y profesionales, que comienzan a tratar a mi tía, consiguen estabilizarla y la trasladan de urgencia al Hospital Clínico, donde queda ingresada.
Desde la primera llamada al 112 que realizo yo, hasta la llegada al hospital de mi tía, han pasado casi dos horas en las que podría haber muerto, sentada en una silla.
Así es como actúan algunos profesionales del servicio de emergencias 112 de la comunidad de Madrid.
Así es como algunos profesionales, juegan con la salud y la vida de los ciudadanos.
Así es como muchos profesionales llegan a ocupar cargos de importancia y jefatura.
Este individuo se salió con la suya y finalmente ocurrió lo que había avisado, no gastaría recursos para un asunto que él no veía, vida telefónica, que fuese urgente.
A este individuo le informo, que yo también cumplo con mi palabra y que tiene puesta una denuncia en los juzgados de Plaza de Castilla, por negligencia, omisión de socorro y falta de profesionalidad.
Artículos 195, 196, 109, 110, 112, 113 y 115 del código penal.
Arrieritos somos y en los juzgados nos encontraremos.

Manu Sánchez.