Que la gestión de la sanidad madrileña es un fiasco y un disparate,
lo sabemos y sufrimos todos los madrileños y los que tienen la necesidad de hacer uso de ella en alguna ocasión.
Es un fiasco, un disparate y además, en algunos casos, muchos,
una inmensa injusticia con sus trabajadores.
Por mucho que ha intentado el gobierno regional vendernos en
Madrid una sanidad de primera calidad, digna de ser bandera de cualquier país
europeo, e incluso mundial, la cruda y triste realidad es otra muy distinta.
Voy a hablar, desde el conocimiento de causa que me otorga, el
haber tenido que estar cuarenta y tres días, con sus cuarenta y tres tardes y
sus correspondientes noches,(esto lo
significo por los turnos laborales), metido dentro del Hospital Clínico San Carlos, (por
haber tenido ingresada a mi madre)
,hospital público de Madrid, bajo la dirección de la consejería de sanidad de
la comunidad y el segundo en importancia y referencia, además de los innumerables
antecedentes del dominio público, que incluso han llevado en más de una ocasión,
a esta consejería ante los tribunales de justicia, perdiendo más de un pleito.
Además de mi información personal, (pues no quiero que esto se
convierta en una simple opinión más), si no en lo que realmente es, un artículo
de investigación y denuncia pública.
Para ello, cuento con las inestimables versiones, opiniones y
quejas de empleados, pacientes y familiares de estos, que me dan una versión
fidedigna y real, de cómo es el día a día en este hospital, tanto desde la
vivencia del empleado público, como las experiencias de un paciente o sus
familiares.
Los nombres de los trabajadores que aparecen, son ficticios. No
por su negativa a dar su identidad, sino porque representan a la inmensa mayoría
del colectivo y así lo han preferido.
Ante todo, quiero dejar bien claro, mi agradecimiento y
reconocimiento a todos los profesionales que desarrollan su trabajo en este
hospital y en especial, a todos aquellos que atendieron a mi madre. Todos
ellos, ejemplo vivo de profesionalidad y entrega.
El primer aviso que se me dio,
fue la visita a diferentes plantas y comprobara su estado.
Plantas enteras reformadas y modernizadas hace apenas un par de
años, convertidas en auténticas plantas fantasmas.
Habitaciones completamente preparadas para su funcionamiento, vacías, controles
de enfermería abandonados.
Y mientras tanto, el servicio de urgencias, absolutamente
masificado.
Los pacientes hacinados
en camillas, sillas o sillones, como ratas, por los pasillos y otras
dependencias, en el mejor de los casos, por no menos de 48 horas, mezclados los
hombres con las mujeres, trauma, con digestivo... una vergüenza.
Parte primera de la pesadilla
hospitalaria:
Nada más acceder a las plantas, se siente el estrés y agobio
que padecen los empleados, al verse masificado su trabajo, pero que pese a
ello, jamás te niegan una sonrisa y una buena palabra y a eso le llamo yo
profesionalidad y compromiso.
No es concebible que haya una sola enfermera, para atender a
más de entre quince y diez y ocho pacientes, con su correspondiente medicación,
toma de tensiones, controles de glucosa, cambios de medicaciones, oxigeno,
intravenosos, etcétera.
Y lo que más incredulidad me causa, es que estas sean
trasladadas de control o zona de trabajo cada semana, con lo que supone la
memorización de cada paciente y su medicación específica, necesidades,
costumbres o caprichos.
La gerencia alega, que es para evitar que el personal
sanitario, coja apego con los enfermos y sus familias.
En palabras de una de estas enfermeras, llamémosla María a secas: “Uno
de los principales problemas por los que estamos pasando, es la falta de
personal, nos obliga a multiplicarnos y no poder prestar a cada paciente el
tiempo y atención que necesitan”.
En dicha planta del área sur de este hospital, consta de tres
controles de enfermería y se tiene previsto el cierre de uno de ellos, a partir
del día 15 de Julio, a lo que María comenta: “Se
supone que el día 15 se va a cerrar medio control, pero debido a la
masificación de pacientes en las urgencias, esto no es posible. (Esto ocurre
todos los años), lo que implica que como se iba a cerrar, no se cuenta con ese
personal allí asignado y nos vamos a quedar a falta de un enfermero/a
y un auxiliar por turno, hasta que efectivamente se pueda cerrar. Como no se
contrata al suficiente personal, esto lleva a que nos quiten los pocos días
libres que tenemos”.
Esta es una pequeña parte de la problemática de la enfermería
en los hospitales públicos.
La retirada de
días libres, para complementar la falta real de personal.
Solo tenemos un fin de semana al mes, es imposible tener la
llamada “conciliación familiar”, continúa
relatando María a lo que apostilla,
y lo peor es la falta de recursos y
material para atender a los pacientes.
La falta de personal se hace aún más cruenta y cruel, cuando
algún trabajador se tiene que dar de baja, por cualquier motivo, su puesto no
es cubierto por otro compañero, lo que conlleva, obviamente, al cansancio del
resto de profesionales, al no poder librar.
Termina exponiendo un pensamiento: Aun
con el cierre forzoso de camas, todo el verano, sacamos el trabajo a delante de
cualquier manera. Siempre dentro de la profesionalidad y la ética, pero con
bastante menos calidad. Como lo que realmente interesa es que los números
salgan, esta situación se produce cada año. Pero se sigue sin contratar
personal.
Hasta aquí, parte de la problemática en el aspecto netamente
sanitario.
A todo esto, hay que sumar la parte de la higiene, la limpieza,
el aseo y demás requisitos indispensables para la buena atención de un paciente
y lo más importante, su recuperación o cura.
En el servicio de celadores, cuento con la colaboración de
Manolo, (nombre ficticio).
Este me empieza a comentar que: son innumerables los problemas que
tenemos, pero que sobre todo lo definiría en
uno en especial, que no es otro que la
falta de personal.
De hecho, en esta `planta en la que me he pasado 43 días, no
hay un celador fijo en ninguno de los controles (3).Cuando es necesario, tiene
que ser llamado o avisado vía teléfono.
Anteriormente, cada control contaba con dos celadores por
turno, lo que suponía una funcionalidad óptima.
En la actualidad, hay un celador para los tres controles, lo
que provoca conflictos y perdidas te tiempo y eficacia, además del abusivo
trabajo del personal.
Hay veces que un celador, esta para los tres controles, lo que
supone esperas y pérdidas de tiempo absurdas, además de la falta de rapidez que
en algunos casos hace falta, continúa
relatando Manolo.
Otro de los grandes problemas con los cuenta este hospital, es
la cada día más escandalosa falta de todo tipo de material,
ya sea médico, como de otra índole.
En los cuarenta y tres días, he podido comprobar en primera
persona, que en varias ocasiones no había ropa de cama,(sabanas, almohadas,
pijamas y camisones) y a los enfermos, no se les ha podido poner ropa limpia,
ni la cama ha podido hacerse, hasta la llegada de un camión de urgencia,
flotado desde la provincia Soria, que llegaría pasado el medio día.
Tenemos que recordar, que la gestión de la limpieza de la ropa
hospitalaria, le fue “regalada” a la
empresa Lavandería Central,
responsable de la recogida, limpieza y reparto de todo este material a los
hospitales públicos.
Desde que esta empresa gestiona dicho servicio, se ha podido
comprobar su falta de profesionalidad.
Cuando no sale una sábana mal lavada, sale sucia o simplemente,
no lavada. La ropa llega rota, húmeda y en ocasiones, con moho.
Eso cuando la reparten, porque no siempre es así, lo que lleva,
indiscutiblemente, a la formación de caos organizativo y el más que justificado
enfado de pacientes y familiares y la mala atención al paciente, que en
ocasiones puntuales, provocan altercados verbales con los trabajadores, que
ninguna culpa tienen de tal desastre.
Pero por otro lado y no menos importante, la falta absoluta de
sillas de ruedas o de balas de oxígeno, es una de las denuncias más repetidas
por los celadores y resto del personal sanitario.
No tenemos sillas, van rotando por todo el hospital y los
pacientes no pueden pasear o salir a las terrazas, además del tiempo de espera,
para el traslado a hacerles pruebas. Los que tienen que llevar oxígeno a la
fuerza, se ven encarcelados en sus habitaciones, sin poder salir de ellas, con
el calor que hace aquí dentro, sigue relatando Manolo.
Pero esto se queda baladí, cuando he comprobado, que han tenido
que estar MENDIGANDO, medicamentos y pañales, para
suministrar a los pacientes.
Medicamentos básicos e imprescindibles en cualquier departamento
hospitalario, brillaban por su ausencia, viéndose la enfermera obligada a ir robando (como ellos lo llaman) por todos
los controles, hasta conseguir lo necesario.
Estoy hablando de Paracetamoles, Ibuprofenos, mórficos, suero.
Luego está el tema de la alimentación, que no es que su calidad
sea excesivamente mala, pero que considero que podría mejorar bastante.
Las comidas, cuando no llegan equivocadas, vienen frías, pero
frías de verdad, incomibles.
Los horarios entre ellas, cuando menos es disparatado.
Cuatro comidas principales en doce horas y el resto de horas,
un simple zumo a media noche.
La gerencia de este hospital y por ende, de todos los
hospitales públicos de la comunidad de Madrid es una verdadera burla y estafa
al ciudadano, un peligro a la salud y un negocio redondo para más de uno.
Lo mejor de la sanidad madrileña, como no puede ser de otra
manera, son sus trabajadores y sus enfermos.
Lo peor, sus gestores.
Artículo de Manu Sánchez.
Secretario de Comunicación y Prensa de
ALTERNATIVA REPUBLICANA.
ALTER – MADRID.


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