Siempre había confiado en los cuerpos y fuerzas del la
seguridad del estado, e incluso también y a veces, en la policía municipal
madrileña, pero francamente en estos últimos tiempos y cada día mas, me defraudan
de una manera que me es complicado explicar.
Me ha sucedido un caso, en el que por culpa de cuatro
agentes de este cuerpo, he perdido toda la fe que tenia depositada en el
cuerpo, en la teoría de que su labor era la de proteger al ciudadano y la
justicia y la de ir con la verdad por delante, como servidores públicos que se
supone que son, con el que cuando hacía falta y por el motivo que fuere,
siempre he colaborado, para solucionar el problema en cuestión del que se
tratara.
En el año 2007, tuve un pequeño, y recalco, “pequeño”
incidente de circulación en la Gran Vía madrileña, con un camión de recogida de
basuras.
Tras salir de un bar amigo y al ser ya tarde, cogí el coche
para ir a mi casa.
Yo circulaba por el carril derecho, junto al carril bus, por
el que circulaba a su vez, un camión de recogida de basuras y que al no
percatarse de mi presencia, quiso salir de dicho carril, para incorporarse al mío,
me golpeo en la aleta derecha delantera. Bueno, la verdad es que no fue un
golpeo tal cual, si no simplemente un roce, que ni siquiera origino un gran
daño a mi vehículo.
Inmediatamente, los dos paramos, con las luces de emergencia
puestas, para disponernos a rellenar un parte de accidente para los seguros.
Justo en ese momento, nos rodean tres coches patrulla de la policía
municipal, “tres”, a la vez, que no sabemos a fecha de hoy de donde salieron,
pues no habían pasado ni siquiera cinco minutos del incidente y salen de sus vehículos
como posesos, hacia nosotros.
Casi no nos dejaron explicar el asunto, cuando nos pidieron
las documentaciones.
El conductor del camión, en todo momento, reconoció que la
culpa había sido suya, que no me había visto y que me golpeo.
Exactamente yo declare lo mismo, pues era la verdad de lo
ocurrido, pero no sirvió de nada.
Tras tratarnos de manera déspota, grosera y abusiva, sobre
todo una agente de pequeño tamaño físico, pero de una mala leche impresentable,
que en todo momento se dirigía a nosotros con gritos y modales, que la alejaban
mucho del respeto que merece el uniforme que llevaba y que el ciudadano se
merece.
Una vez fue apartada de la escena por un compañero suyo y
pedir disculpas en su nombre, me invita muy amablemente, quiero dejarlo claro a
subirme al patrulla para llevarme a comisaria.
Yo le pregunte si es que estaba detenido y él me dijo que
si, por un delito de circulación. (No recuerdo la frase exacta que refirió).
A tal información, y sin ser esposado en ningún momento, soy
trasladado a la comisaria de dicho cuerpo.
El conductor del camión de basuras, también tuvo que ir a comisaría
a prestar declaración.
En ningún momento, ninguno de los agentes municipales, me
dio la opción legal, de llamar por teléfono a alguna persona para que se
hiciese cargo del vehículo, quitándolo del carril bus.
Era mejor llamar a la grúa municipal, y de esta manera,
incrementar la cuantía de las arcas municipales.
En la comisaria y tras hacerme dos veces la prueba de
alcohol en sangre y al dar positivo, me metieron en los calabozos.
Esta es la historia de los hechos, tal como ocurrieron y tal
como declaramos los dos implicados en el mismo.
No había más gente ni testigos, solo nosotros dos.
Pues el Lunes 19 de este mes, después de cinco años, recibo
la notificación del juzgado, avisándome de que el próximo 27 del mismo, se
llevara a cabo la vista oral del caso.
Tras hablar con la abogada que lleva el asunto, me relata lo
que los policías municipales pusieron en el parte.
Cuál es mi sorpresa, cuando lo que me cuenta, no se parece,
ni de lejos a la verdad.
Alegan que yo fui el que quiso cambiar de carril. Falso.
Alegan que se me realizo una prueba de alcoholemia in situ.
Falso.
Y alegan daños al otro conductor, cuando tanto en el lugar
de los hechos como en comisaría, nunca denuncio tales daños. Falso. (Un camión de
recogida de basuras, de tres metros de alto, chocando contra un Hyundai Acen
1.4, de menos de un metro en la aleta delantera.
Mienten, inventan y acusan a inocentes de actos que no ha
cometido.
Esta es la policía que tenemos y pagamos todos en Madrid.
No lo comprendo. No sé qué es lo que sacan en limpio de todo
esto, salvo el hacer daño , sentirse
seres superiores por el mero hecho de llevar una placa, y perjudicar a un
ciudadano que jamás ha tenido problemas con nadie, ni civiles, ni policías ni
con la ley.
Solo confío en que la justicia, sea justa de verdad, aun que
mucho me temo, que el que se va a comer el marrón soy yo, por el hecho de dar
positivo.
Ya veo que no valen de nada, ni mi declaración ni la del
otro conductor, porque a los hechos me remito.
En este país, vale más la palabra de un funcionario de la policía,
por muy falsa que sea, que la de cualquier ciudadano de bien.
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